El Protocolo de Kioto, una asignatura pendiente

El 11 de diciembre de 1997 en Kioto (Japón) varios países del mundo se comprometieron a llevar a cabo una de las medidas más acuciantes para el cuidado del medio ambiente: la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.

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El calentamiento global hace referencia al aumento continuo de la temperatura en el mundo entero y se expresa fundamentalmente a través del cambio climático. El calentamiento global causa el efecto invernadero, que no es más que la acumulación de H2O, seguido por CO2 y O3.
Se ha extendido el criterio de que el efecto invernadero es absolutamente malo, pero la realidad es que es beneficioso, ya que impide que las temperaturas del planeta estén por debajo de los 30 °C, pero el desequilibrio en las proporciones de los gases hace que la temperatura esté muy por encima de lo que se requiere.
Las iniciativas que han propuestos los meteorólogos para disminuir el cambio climático incluyen disminuir la emisión de gases malignos como dióxido de carbono, gas metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre.
El Protocolo de Kioto es, hasta el momento, el mayor convenio internacional referido a este tema. Si bien muchos países han firmado el protocolo, algunas potencias industriales como Estados Unidos de América (EUA) y Canadá no se han comprometido, alegando que el documento frena las economías de sus respectivos países.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ha sido cuestionada en numerosas ocasiones por líderes de consorcios económicos que se ven fuertemente afectados por las propuestas de la CMNUCC. La clave de la propuesta impulsada por la CMNUCC define que cada país debe tener un porciento específico de disminución de gases, en concordancia con el desarrollo industrial que tenga. La lógica indica que los países más desarrollados, con infraestructuras industriales complejas, sean los que más deban rebajar sus emisiones.
El asunto sigue siendo un verdadero problema, la reducción del 5 % de las emisiones a la que se comprometieron los gobiernos garantes del Protocolo de Kioto no ha sido posible. Las excusas que dan los países firmantes (y los que no se comprometieron inicialmente) son insuficientes para un problema que requiere el esfuerzo de todas las naciones.